Es muy común, por no decir que habitual, que en la práctica el inicio de las vistas de los juicios o de las audiencias previas nunca comiencen a la hora estipulada. Muchas veces se compara el retraso en la llegada del magistrado a la sala, con el retraso obligado de una novia a su boda. Me he encontrado un caso real muy gracioso que os trascribo y que según cuentan es real:
El retraso de los juicios ha provocado que en varias ocasiones los juicios hayan terminado a unas horas intempestivas. Una de estas veces el juicio se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Según cuentan algunos testigos, había pasado ya la medianoche -por lo que ya era el día siguiente al que había sido fijado el juicio- y la juez seguía celebrando la vista oral.
Al término de la misma, uno de los abogados intervinientes en el pleito no pudo más que expresarle su incomodidad por la hora de finalización de la vista. "Señoría, es que mi mujer no se va a creer que he estado en juicio hasta esta hora", comentó el letrado a la juez.Como el abogado seguía dándole vueltas al cúmulo de explicaciones que, presuntamente, iba a tener que dar a su compañera sentimental, no se le ocurrió otra cosa que pedirle a la juez un "justificante" de su asistencia al juicio y de la hora a la que había finalizado el mismo.La juez, ni corta ni perezosa, no lo dudó ni un momento y emitió el certificado a petición del letrado. Quienes pudieron echar un vistazo al singular documento señalan que el mismo iba encabezado con el número de juzgado y el nombre de la juez, y que daba fe de la presencia del letrado a la hora comentada en los juzgados para la celebración de una vista oral en la sede judicial del edificio Noga.
viernes, 8 de marzo de 2013
martes, 5 de marzo de 2013
La soledad del abogado
Siempre se ha hablado de la soledad del letrado cuando entra en Sala, de sus nervios, sus preocupaciones, e incluso del mayor enemigo.....su mismo cliente. Pues bien, he encontrado unas letrillas de una compañera que definen perfectamente la soledad del abogado, aquel que para muchos es el que más gana, y el que nunca pierde......... pues estar atentos a esto:
Mucho se ha discutido sobre el futuro del abogado en el despacho individual. Se ha hablado de la soledad, del trabajo frustrante, del desamparo ante problemas como si un cliente no quiere pagarte los honorarios porque considera que la consulta que ha realizado no es motivo de pago ni es trabajo (si no decide, además, denunciar al abo-gado por la «excesiva minuta» y apelar al Colegio Profesional que aplicará la Ley —
dura lex sed lex—), lo cierto es que este abogado realiza el «trabajo de campo», algo que ni funcionarios ni judicatura pueden comprender si no lo han vivido en carne propia. Este abogado no tiene ingresos regulares, pero sí gastos fijos: el alquiler, agua, luz, teléfono, material de oficina... y debe luchar día a día con la morosidad de los clientes —que en ocasiones no le pagan hasta que no ha concluido todo el proceso, agotando hasta la última instancia—, la incomprensión del funcionariado —que piensa que «va por libre»—, el desconocimiento de sus compañeros —que, trabajando en los grandes despachos o en la fiscalía, viven en otro mundo—, o los del turno de oficio —que, aunque también reciben sus honorarios tardíamente, tienen derecho a la huel-ga y otros privilegios que nuestro abogado artesano, sentado en su despachito, no tiene. Muchas voces afirman que este espécimen acabará desapareciendo: uniéndose a otros compañeros o instalándose en los grandes despachos o en multinacionales. Pero yo apuesto por lo contrario, por ese abogado metódico, ordenado, con disciplina de trabajo. La disciplina, en contra de lo que puede pensarse, no se asemeja a obe-diencia en una atmósfera de control ni a sometimiento a la autoridad porque sí. La disciplina es un medio para conseguir el autocontrol. Un abogado dispuesto a escu
char y a interpretar la idiosincrasia de su cliente, reciclándose continuamente con es-tudios complementarios, acudiendo a jornadas y seminarios o manteniendo altas sus expectativas de eficacia. Porque una barrera que frena el éxito en la ejecución es la carencia de motivación y uno de los componentes de esa motivación es la esperanza de éxito. Nuestro abogado se levantará cada mañana cuidando su aspecto, dando cuenta del alto grado de conocimiento de su especialidad, generando confianza para vender bien sus servicios, y sintiendo que, como decía Mark Twain, «una persona no puede sentirse cómoda sin aceptarse a sí misma».
Mucho se ha discutido sobre el futuro del abogado en el despacho individual. Se ha hablado de la soledad, del trabajo frustrante, del desamparo ante problemas como si un cliente no quiere pagarte los honorarios porque considera que la consulta que ha realizado no es motivo de pago ni es trabajo (si no decide, además, denunciar al abo-gado por la «excesiva minuta» y apelar al Colegio Profesional que aplicará la Ley —
dura lex sed lex—), lo cierto es que este abogado realiza el «trabajo de campo», algo que ni funcionarios ni judicatura pueden comprender si no lo han vivido en carne propia. Este abogado no tiene ingresos regulares, pero sí gastos fijos: el alquiler, agua, luz, teléfono, material de oficina... y debe luchar día a día con la morosidad de los clientes —que en ocasiones no le pagan hasta que no ha concluido todo el proceso, agotando hasta la última instancia—, la incomprensión del funcionariado —que piensa que «va por libre»—, el desconocimiento de sus compañeros —que, trabajando en los grandes despachos o en la fiscalía, viven en otro mundo—, o los del turno de oficio —que, aunque también reciben sus honorarios tardíamente, tienen derecho a la huel-ga y otros privilegios que nuestro abogado artesano, sentado en su despachito, no tiene. Muchas voces afirman que este espécimen acabará desapareciendo: uniéndose a otros compañeros o instalándose en los grandes despachos o en multinacionales. Pero yo apuesto por lo contrario, por ese abogado metódico, ordenado, con disciplina de trabajo. La disciplina, en contra de lo que puede pensarse, no se asemeja a obe-diencia en una atmósfera de control ni a sometimiento a la autoridad porque sí. La disciplina es un medio para conseguir el autocontrol. Un abogado dispuesto a escu
char y a interpretar la idiosincrasia de su cliente, reciclándose continuamente con es-tudios complementarios, acudiendo a jornadas y seminarios o manteniendo altas sus expectativas de eficacia. Porque una barrera que frena el éxito en la ejecución es la carencia de motivación y uno de los componentes de esa motivación es la esperanza de éxito. Nuestro abogado se levantará cada mañana cuidando su aspecto, dando cuenta del alto grado de conocimiento de su especialidad, generando confianza para vender bien sus servicios, y sintiendo que, como decía Mark Twain, «una persona no puede sentirse cómoda sin aceptarse a sí misma».
viernes, 1 de marzo de 2013
Que digo yo......para esto bloggear hay que " haber nasio para bloggear" pues bien, yo no he "nasio" para esto, pero el otro día puse en marcha de nuevo el blog por el que cerre el actual, tras un perido de mucho trabajo y de cambiar la página web www.fernandezlopezabogados.es. y crear la página web www.technicalenglishcentre.es Como vereis he cambiado el titulo del blog para hacerlo más dinámico, pues el blog puramente jurídico esta ya en marcha. No prometo ni publicar asiduamente ni publicar asuntos de interes supranacional, pero si me servirá como ventana para gritar ciertas injusticias y situaciones de dificil encaje profesional. Puede ser la ventana de todos si quereis.....
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