Siempre se ha hablado de la soledad del letrado cuando entra en Sala, de sus nervios, sus preocupaciones, e incluso del mayor enemigo.....su mismo cliente. Pues bien, he encontrado unas letrillas de una compañera que definen perfectamente la soledad del abogado, aquel que para muchos es el que más gana, y el que nunca pierde......... pues estar atentos a esto:
Mucho se ha discutido sobre el futuro del abogado en el despacho individual. Se ha hablado de la soledad, del trabajo frustrante, del desamparo ante problemas como si un cliente no quiere pagarte los honorarios porque considera que la consulta que ha realizado no es motivo de pago ni es trabajo (si no decide, además, denunciar al abo-gado por la «excesiva minuta» y apelar al Colegio Profesional que aplicará la Ley —
dura lex sed lex—), lo cierto es que este abogado realiza el «trabajo de campo», algo que ni funcionarios ni judicatura pueden comprender si no lo han vivido en carne propia. Este abogado no tiene ingresos regulares, pero sí gastos fijos: el alquiler, agua, luz, teléfono, material de oficina... y debe luchar día a día con la morosidad de los clientes —que en ocasiones no le pagan hasta que no ha concluido todo el proceso, agotando hasta la última instancia—, la incomprensión del funcionariado —que piensa que «va por libre»—, el desconocimiento de sus compañeros —que, trabajando en los grandes despachos o en la fiscalía, viven en otro mundo—, o los del turno de oficio —que, aunque también reciben sus honorarios tardíamente, tienen derecho a la huel-ga y otros privilegios que nuestro abogado artesano, sentado en su despachito, no tiene. Muchas voces afirman que este espécimen acabará desapareciendo: uniéndose a otros compañeros o instalándose en los grandes despachos o en multinacionales. Pero yo apuesto por lo contrario, por ese abogado metódico, ordenado, con disciplina de trabajo. La disciplina, en contra de lo que puede pensarse, no se asemeja a obe-diencia en una atmósfera de control ni a sometimiento a la autoridad porque sí. La disciplina es un medio para conseguir el autocontrol. Un abogado dispuesto a escu
char y a interpretar la idiosincrasia de su cliente, reciclándose continuamente con es-tudios complementarios, acudiendo a jornadas y seminarios o manteniendo altas sus expectativas de eficacia. Porque una barrera que frena el éxito en la ejecución es la carencia de motivación y uno de los componentes de esa motivación es la esperanza de éxito. Nuestro abogado se levantará cada mañana cuidando su aspecto, dando cuenta del alto grado de conocimiento de su especialidad, generando confianza para vender bien sus servicios, y sintiendo que, como decía Mark Twain, «una persona no puede sentirse cómoda sin aceptarse a sí misma».
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